Atenea, la diosa protectora de Atenas, es la figura más civilizada, sabia y culta del universo religioso de los griegos, donde abundaban las deidades familiarizadas con el crimen y escaseaban aquellas que alentaban el progreso del espíritu. Nació de la cabeza de Zeus, a quién le abrió el cráneo, según algunos, Prometeo, y según otros, el dios Hefesto. Los ojos de la diosa eran grandes y brillantes como los de una lechuza. Era la única deidad del Olimpo, al parecer, que reflexionaba antes de obrar, lo que suponía no poco mérito ante aquella tribu de salvajes incontinentes que poblaban el Olimpo.Atenea era virgen--"la eterna doncella", la llamaban--, y aunque muchos dioses la pretendía, ella no aceptó nunca yacer con ninguno. Pese a que se le asocia con la guerra y a menudo la vemos armada con casco, lanza y escudo, no sentía especial pasión por la pelea y procuraba dirimir las disputas por medio de la negociación. Cuando luchaba al fin, siempre porque no le quedaba otro remedio, nadie era capaz de derrotarla, pues era mejor estratega que ningún dios o general. Su fuerza, pues, residía en su inteligencia y no en su valor. Diosa de las artes y de las ciencias, inventó cosas útiles y hermosas, como la olla, el arado, el carro, el barco, la flauta y la trompeta. También fue ella quien plantó el primer olivo.
Corazón de Ulises.

.jpg)
.jpg)
.jpg)