Cursores

miércoles, 15 de enero de 2014

La creación del mundo

Antes del mar, y de la tierra, y del cielo que todo lo cubre, en toda la extensión del orbe era un solo espacio que ofrecía la naturaleza. Se le llamó Caos; era una masa confusa y desordenada, no más que un peso inerte y un amontonamiento de gérmenes mal unidos y discordantes. Ningún Titán daba todavía al mundo su luz; tampoco Febe renovaba en su creciente los cuernos recién aparecidos. Ni la tierra se encontraba suspendida en medio de los aires que la rodeaban, en equilibrio por su propio peso, ni Anfitrite había extendido todavía sus brazos marcando los confines de la tierra firme. Y por dondequiera que había tierra, había también aire y agua, con lo que ni la tierra era sólida, ni vadeable el agua, ni el aire tenía ñuz; ningún elemento conservaba su propia figura. Cada uno era un obstáculo para los otros, porque en un solo cuerpo lo frío luchaba con lo caliente, lo húmedo con lo seco, lo blando con lo duro, y con lo desprovisto de peso lo que tenía peso.
A esta contienda puso fin un dios, una naturaleza mejor. Separó, en efecto, del cielo la tierra, y de la tierra las aguas, y apartó el límpido cielo del aire espeso. Y una vez que así despejó estos elementos y los sacó de la masa oscura, asignó a cada uno un lugar distinto y los unió en amigable concordia. [...] Empezó por aglomerar la tierra, para lograr que su superficie quedase igualada por todas partes, dándole la figura de un enorme globo. A continuación dispuso que los mares se extendiesen y que embraveciesen al soplo arrebatado de los vientos y que rodeasen las riberas de la tierra, ciñéndola. Añadió igualmente fuentes, enormes charcas y lagos, y aprisionó en tortuosas márgenes los ríos que se despeñan, de los cuales, según las comarcas, unos rean absorbidos por la tierra misma, y otros llegan al mar, y, recibidos en llanura de aguas más dilatadas, contra plyas se estrellas y no ya contra orillas. Mandótambién que se extendieran los campos, que se abatieran los valles, que las selvas se cubrieran de hojas, que los montes pedregosos se elevasen.

                                                                Metamorfosis, Libro I Ovidio

El Dios Apolo

Corren veloces el dios y la muchacha, él por la esperanza, ella por el temor. Sin embargo el perseguidor, ayudado por las alas del amor, es más rápido, se niega el descanso, acosa la espalda de la fugitiva y echa su aliento sobre los cabellos de ella que le ondean sobre el cuelo. Agotadas sus fuerzas, palideció; vencida por la fatiga de tan acelerada huida, mira las aguas del Peneo y dice: "Socórreme, padre; si los ríos tenéis un poder divino, destruye, cambiándola, esta figura por la que he gustado en demasía". Apenas acabó su plegaria cuando un pesado entorpecimiento se apodera de sus miembros; sus suaves  formas van siendo envueltas por una delgada corteza, sus cabellos crecen transformándose en hojas, en ramas sus brazos, sus pies un momento antes tan veloces quedan inmovilizados en raíces fijas; una arbórea copa posee el lugar de su cabeza; su esplendente belleza es lo único que de ella queda. Aun así sigue Febo amándola, y apoyando su mano en el tronco percibe como tiembla aún su pecho debajo de la corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como si aún fueran miembros, besa la madera; pero la madera huye de sus besos.

                                                                                                  Ovidio, Metamorfosis, libro I.

miércoles, 8 de enero de 2014

Juno, Diosa celosa y vengativa.

La ciudadela de Roma y el Capitolio corrieron un grave peligro. Pues los galos, sea que hubiesen observado huellas humanas por donde había pasado el mensajero de Veyes, sea que por sí mismos hubiesen observado junto al templo de Cementa una roca fácil de subir, como una noche ligeramente iluminada primero hubiesen enviado delante a un hombre desarmado para que examinase el camino, y al que entregaban después las armas donde hubiese algún lugar abrupto, apoyándose unos a otros, ayudándose recíprocamente y tirando unos de los otros, conforme lo exigiese el lugar, lograron llegar a la cumbre en medio de un silencio tan grande que no solo engañaron a los guardianes, sino que ni siquiera despertaron a los perros, animal atento a los ruidos nocturnos. No engañaron a los gansos sagrados de Juno, a los que había protegido a pesar de la suma escasez de comida. Esto fue lo que les salvó; pues sus gritos y aleteos despertaron a M. Manlio, que había sido cónsul dos años antes y hombre distinguido en la guerra: tras coger de prisa las armas, se lanza al mismo tiempo que llama a los soldados a las armas y, mientras los demás corren precipitadamente, derriba con un golpe de su escudo a un galo que ya se había situado en la cima.

                                                Tito Livio, Los orígenes de Roma, Libro V.                                     

martes, 26 de noviembre de 2013

Roma e Hispania (II) Tipos de ciudad

Caesaraugusta
COLONIAS: Asentamientos urbanos de nueva creación que contaban con la presencia de ciudadanos romanos, principalmente veteranos militares. Un ejemplo de colonia romana en Hispania es Caesaraugusta (Zaragoza), formada por soldados licenciados de las legiones IV Macedonia, VI Victrix y X Gemina. Toda colonia se rige según el derecho romano.


Batalla en Ilerda
MUNICIPIOS: Núcleos de población que existían antes del dominio romano. A diferencia de las colonias, los municipios conservan un cierto grado de autonomía en la administración local y en el mantenimiento de sus costumbres, pero están obligados a pagar impuestos a Roma. Un ejemplo sería la capital de los ilergetas, Iltrida, que pasó a ser municipio romano después de la segunda guerra púnica con el nombre de Ilerda (Lérida).


CIUDADES INDÍGENAS: Los núcleos más numerosos de la Península. Podían ser oppida foederata, con un tratado de amistad con Roma; oppida libera, que gracias a un reconocimiento de sus servicios para con Roma no pagaban tributos; oppida stipendiaria, sometidas al pago de tributos.


martes, 19 de noviembre de 2013

Roma e Hispania (I)

Roma llega a la Península Ibérica a causa de las disputas que mantenía con los cartaginenses: Estos, bajo el mando de Amílcar, Asdrúbal y Aníbal habían conquistado la Península hasta llegar al río Ebro tras someter a la ciudad de Sagunto, aliada de Roma.

Como reacción, Roma llega a Hispania en el año 218 a.C., penetrado por Emporion (Ampurias). A la cabeza del ejército romano iban los hermanos Escipiones (Cneo y Publio), quienes se enfrentaron a los cartagineses y, después, a los pueblos indígenas. Publio Cornelio Escipón, el Africano, continuó la labor de su padre Plubio y de su trío, y logró ocupar importantes plazas cartaginesas: Carthago Nova, el valle del Guadalquivir, Gadir... En el año 206 a. C., Hispania quedó libre de la presencia cartaginesa.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Sociedad y política (II) La carrera política o cursus honorum

El cursus honorum era la carrera política de un varón romano y consistía en un acceso reglamentado a determinadas magistraturas, empezando por las magistraturas ordinarias menores hasta alcanzar las mayores: Cuestura, Edilidad, Pretura y, finalmente, Consulado.







Además de las ordinarias, existían magistraturas extraordinarias, entre ellas, el dictador ("dictador, magistrado supremo"). Si existía un peligro para la República, se nombraba a un dictador que, durante seis meses, ostentaban el máximo poder y sustituía a los cónsules. se nombraba también a un Maestro de Caballería como apoyo del dictador. Ambos cesaban en su cargo una vez transcurrido el tiempo determinado.
Paralelamente existían también dos magistraturas importantes que no formaban parte del cursus honorum: El Tribunado y la Censura.
   


   
CLASES SOCIALES:



EDAD MÍNIMA PARA EJERCER UNA MAGISTRATURA:



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sociedad y política (I) Testimonios del tiempo

El joven que había sobrevivido a los diez años de vida militar podía, cuando volvía a casa,    emprender la carrera política, que iba por grados y era electiva y sometida a toda suerte de precauciones y controles.

Correspondía a la Asamblea centuriada cribar las candidaturas a los diversos cargos, que eran todos  plurales, es decir, constituidos por varias personas. el primer peldaño era el de "cuestor", especie de ayudante de los magistrados más altos para las finanzas y la justicia. ayudaba a controlar los gastos del Estado y colaboraba en la investigación de los delitos. No podía permanecer en el cargo más de un año,  pero si había cumplido bien con su cometido, podía presentarse de nuevo a la Asamblea centuriada para ser ascendido.
sesión en el senado

Si no había satisfecho a los electores, quedaba suspendido y durante diez años no podía volverse a presentar para ningún cargo. Si por el contrario, los tenía contentos, era elegido "edil" (había cuatro) y, como tal, siempre por un año, cuidaba de la superintendencia de los edificios, los teatros, los acueductos, las carreteras, las calles y, en suma, de todos los edificios públicos o de público interés [...]

Si también en esas misiones, que eran prácticamente las de un asesor, cumplía a satisfacción, podía concurrir, siempre con el mismo método electivo y por un año, a uno de los cuatro puestos de "pretor", cargo altísimo, civil y militar [...]


                                                                           Indro Montanelli, Historia de Roma, Plaza & Janés.